El día de ayer hice bici luego de tiempo. De una forma muy ingenua de mi parte me mandé a hacer 82kms, me dio un calambre terrible al km 71 y tuve que seguir para llegar a mi departamento.
Salgo a montar bici solo, me libera, me desetresa, me ayuda, según yo, a controlar mi peso, pero también es mi terapia, como voy solo me da tiempo para cuestionarme cosas, meditar y estar bien conmigo mismo. Me gusta un montón.
He tenido gente que me ha dicho para salir a montar conmigo pero siempre les digo la de Alejandro Sanz: “te lo agradezco pero no”. Y les digo que no lo tomen a mal, pero que yo voy a mi ritmo y que ir con otra persona normalmente es retrasarme, ir más lento, hacer menos kms, entre otros, que no es nada en contra de esa persona pero que prefiero ir solo.
Ayer, en uno de esos varios kilómetros me puse a meditar sobre esto. Me decía a mí mismo “esa frase de ‘solo se corre más rápido, pero acompañado se llega más lejos’ no es cierto, yo estoy llegando bastante lejos y ‘rápido’ sin tener a nadie al lado, por el contrario me retrasaría“. Y es ahí en que me doy cuenta.
No es que me guste andar solo, sino que voy solo porque no he encontrado a alguien que vaya a mi ritmo, que no vaya más rápido ni vaya más lento, alguien con quien podamos ir juntos juntos, sin retrasar al otro. Si encontrar a esa persona que comparta mi ritmo, podríamos ir más lejos, porque podríamos apoyarnos por si le pasa algo al otro. Ese es el tema, encontrar a alguien que tenga la misma frecuencia.
Ni modo, iré saliendo solo, no es que me queje, me gusta y voy a mi ritmo. También es cierto que encontrar a alguien con el mismo ritmo puede resultar muy cercano a imposible, por lo que deberemos de sacrificar algo nosotro o la otra persona, para linearnos, para vibrar iguales.